Mariana Chaud pone en escena la obra en el Teatro Sarmiento durante mayo y junio. Es una tragedia trash. desviada, que fusiona un escenario real y marginal con el inframundo de los muertos por el que circulan los personajes.

Pequeña Pamela es la nueva obra de Mariana Chaud, que se puede ver durante mayo y junio en el Teatro Sarmiento. Como una tragedia griega desviada, con este ambicioso proyecto múltiples capas temáticas, estéticas, históricas y humorísticas se ponen en juego. Algunos de los personajes que refieren a la Grecia antigua son Áyax (Santiago Gobernori), cuyo nombre remite al guerrero homérico que participa de la Guerra de Troya; un coro y una narradora cíclope (Iride Mockert) que, en la primera escena, está sacándose leche de las ubres.

Las múltiples voces del coro están encarnadas en la interpretación de Rosalba Menna. Áyax da la impresión de ser un exrugbier que se cree un semidiós y que lo único que quiere es quedar bien, a toda costa, con la chica que le gusta: Helena. Además de las referencias al mundo griego, hay un “tío puto” (Lalo Rotavería) que tiene una fijación sexual y epocal en la noche gay-under de Buenos Aires de los años 90. Finalmente, está Pamela (Camila Peralta), una chica normal, vulnerable y, como la mayoría de los personajes, también marginal. Ella está obsesionada con Áyax, quien la desprecia pidiéndole consejos para conquistar a Helena.

Uno de los pilares sobre los que se afirma la obra es la colaboración del pintor argentino Nahuel Vecino. El vestuario, la escenografía y, sobre todo, las figuras mismas remiten a sus pinturas. Por momentos, especialmente en las escenas musicales, la obra se nubla de un aire nostálgico que evoca un mundo sagrado, celestial y griego que también tienen las obras de Nahuel Vecino. Es ineludible ver los shorts y los tetra bricks del pintor en el Áyax de Pequeña Pamela, o no reconocer que muchos elementos de la obra, como el cetro o el casco de armadura que usa el coro, se montan sobre las liras y las mitras de sus pinturas.

Además, la originalidad de Pequeña Pamela, en parte porque este universo creativo fusiona un escenario real-marginal y el inframundo de los muertos. Los personajes vienen y se van a esos dos mundos para encontrarse en una especie de limbo oscuro y húmedo, que es el escenario. La luz entra a través de desagües cloacales, y el musgo y la basura se apropian de ese no-lugar. La música de Lucas Martí y la coreografía de Luciana Acuña, en los momentos en los que se activan, también le dan fuerza a la obra.

Pequeña Pamela es un pastiche que incorpora además referencias cómicas a algunos rincones excéntricos de la Ciudad de Buenos Aires: los cines porno de la calle Yrigoyen o los enanos del mítico bar Nave Jungla de los años noventa. Al mismo tiempo, se ponen en tensión, a través de un lunfardo intraducible, temas cotidianos de moda, como el veganismo o la tan polémica profesión de influencer.

Después de que el ciclo Artistas en Residencia del Teatro Sarmiento se consolidara con la participación de las artistas Piel de Lava durante el 2018, el año pasado se estrenó una retrospectiva de Mariana Chaud en la que se presentaron Sigo mintiendo, elhecho, Budín inglés y Ubú patagónico. Usando un procedimiento arriesgado, Pequeña Pamela no solo usa personajes que aluden a la guerra de Troya pero que se mandan emojis, con un coro y una cíclope que conjeturan teorías del amor pero que también gritan “rajá de acá”; la obra es también una oportunidad para ver una dimensión nueva en el trabajo de Nahuel Vecino, uno de los pintores más interesantes de la escena actual y que, por primera vez, participa artísticamente en el mundo del teatro.

* Funciones de jueves a domingos, 20 horas, en el Teatro Sarmiento. Dramaturgia y dirección: Mariana Chaud, en diálogo con la obra de Nahuel Vecino. Entradas en http://publico.alternativateatral.com/localidades.asp?id=78547